Me dejo llevar por ellas y por los recuerdos.
Mi mente se llena con un cuarto a oscuras y una pequeña llama de mechero que tiembla y busca y nos trata de mostrar un espacio. Meses más tarde esa oscuridad se tornaría luz y a esa luz le pondrían este nombre: La Faena.
Lo siguiente que inunda mis sentidos es una imagen. Desde la popa de un barco muerto, muerto como quien lo mandó construir, contemplamos la quietud de la mar leonesa.
Pregunto: ¿veré nevar en este viaje?.. Nunca he visto nevar.
Hace bueno en Vitoria y aprovechamos para pasear. La noche ha sido intensa y muy divertida, aunque a alguien no le sentó muy bien el pacharán. Nuestro anfitrión (veterano en estas batallas) nos brinda con su anecdotario más selecto. Entre risas irreprimibles que surgen de un lugar bien escondido, nos dejamos invadir por el sueño.
Desde una terraza inmensa le decimos hasta mañana a Zaragoza y rodeados de instrumentos charlamos y bromeamos. Se ha unido un gran amigo a la expedición. Hay que celebrarlo.
Una frase que me encantó y con la que estoy muy de acuerdo: Lo mejor de las giras son los desayunos. Esto decía Dani (vocalista de la banda local Picore) mientras dejaba una bolsa de papel en la mesa cargadita de cruasanes que olían a lo más parecido a la felicidad que existe. No hay duda alguna. ¡Son los mejores promotores del mundo! El Equipo no puede parar.
Ahora toca Salamanca. Tierra materna de quien nos guía y apoya y de su mano derecha. Actuamos en El Esperpento. Sitio mágico donde los haya. Meses después desaparecería presa de las fauces de las leyes del mercado. Hasta aquí se acercaron Pedro y Rebeca que me obsequiaron con su presencia y un poema. Yo a cambio les di mis lágrimas.
Dejamos Salamanca y nos despedimos del gran amigo, Fran Lafuente. La pareja le acompañará de regreso a Madrid. Pienso: lo mejor son los desayunos y lo peor las despedidas.
Pero no nos pongamos tristes. A alguien le sentó bien Salamanca...
De camino a nuestra siguiente parada vemos al paisaje pasar grandioso. La lluvia hace acto de presencia. Pero la nieve sólo aparece a lo lejos...
Nos dan la bienvenida las magníficas fotos de Arianne y quien nos acoge, Yiye. Me recuerda a esos jefes indios de las pelis del oeste. Cara bonachona y siempre sonríe. Un gran tipo. Me habían hablado mucho y muy bien de él y todo se ve corroborado. Tras el bolo somos entrevistados por alumnos del susodicho para el periódico del instituto donde trabaja, y entre trozo y trozo de pizza contestamos como buenamente podemos a las preguntas que los chavales nos hacen. No digo más que tonterías. El bolo y el ron se me han subido a la cabeza.
Nos quedamos con la pena de no poder hacer noche en Don Benito, pero nos vamos con un muy buen sabor de boca y una foto que nos hemos sacado en el baño del Rincón Pío Sound. ¡Qué lugar!
Durante todos los trayectos y actuaciones ha habido un nombre flotando, como la música que hacen, en nuestras mentes: Tostadas. El dúo formado por Charlie y María nos iba a acompañar en esta aventura, pero un entrometido y virulento pormenor no les permitió unirse. Espero que en el futuro nos quitemos la espinita y hagamos un viaje tan hermoso, o más, que el que he tratado de relatar en estos párrafos.
De vuelta a Madrid, el silencio y el cansancio se apoderan de nosotros. Yo intento darle conversación a Eli. Le digo que no sé cómo podré agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros y sonríe. Me emociono ahora mismo recordándole.
Especulo y sueño con la posibilidad de ver caer copos en la noche.
Lo siguiente que inunda mis sentidos es una imagen. Desde la popa de un barco muerto, muerto como quien lo mandó construir, contemplamos la quietud de la mar leonesa.
Pregunto: ¿veré nevar en este viaje?.. Nunca he visto nevar.
Hace bueno en Vitoria y aprovechamos para pasear. La noche ha sido intensa y muy divertida, aunque a alguien no le sentó muy bien el pacharán. Nuestro anfitrión (veterano en estas batallas) nos brinda con su anecdotario más selecto. Entre risas irreprimibles que surgen de un lugar bien escondido, nos dejamos invadir por el sueño.
Desde una terraza inmensa le decimos hasta mañana a Zaragoza y rodeados de instrumentos charlamos y bromeamos. Se ha unido un gran amigo a la expedición. Hay que celebrarlo.
Una frase que me encantó y con la que estoy muy de acuerdo: Lo mejor de las giras son los desayunos. Esto decía Dani (vocalista de la banda local Picore) mientras dejaba una bolsa de papel en la mesa cargadita de cruasanes que olían a lo más parecido a la felicidad que existe. No hay duda alguna. ¡Son los mejores promotores del mundo! El Equipo no puede parar.
Ahora toca Salamanca. Tierra materna de quien nos guía y apoya y de su mano derecha. Actuamos en El Esperpento. Sitio mágico donde los haya. Meses después desaparecería presa de las fauces de las leyes del mercado. Hasta aquí se acercaron Pedro y Rebeca que me obsequiaron con su presencia y un poema. Yo a cambio les di mis lágrimas.
Dejamos Salamanca y nos despedimos del gran amigo, Fran Lafuente. La pareja le acompañará de regreso a Madrid. Pienso: lo mejor son los desayunos y lo peor las despedidas.
Pero no nos pongamos tristes. A alguien le sentó bien Salamanca...
De camino a nuestra siguiente parada vemos al paisaje pasar grandioso. La lluvia hace acto de presencia. Pero la nieve sólo aparece a lo lejos...
Nos dan la bienvenida las magníficas fotos de Arianne y quien nos acoge, Yiye. Me recuerda a esos jefes indios de las pelis del oeste. Cara bonachona y siempre sonríe. Un gran tipo. Me habían hablado mucho y muy bien de él y todo se ve corroborado. Tras el bolo somos entrevistados por alumnos del susodicho para el periódico del instituto donde trabaja, y entre trozo y trozo de pizza contestamos como buenamente podemos a las preguntas que los chavales nos hacen. No digo más que tonterías. El bolo y el ron se me han subido a la cabeza.
Nos quedamos con la pena de no poder hacer noche en Don Benito, pero nos vamos con un muy buen sabor de boca y una foto que nos hemos sacado en el baño del Rincón Pío Sound. ¡Qué lugar!
Durante todos los trayectos y actuaciones ha habido un nombre flotando, como la música que hacen, en nuestras mentes: Tostadas. El dúo formado por Charlie y María nos iba a acompañar en esta aventura, pero un entrometido y virulento pormenor no les permitió unirse. Espero que en el futuro nos quitemos la espinita y hagamos un viaje tan hermoso, o más, que el que he tratado de relatar en estos párrafos.
De vuelta a Madrid, el silencio y el cansancio se apoderan de nosotros. Yo intento darle conversación a Eli. Le digo que no sé cómo podré agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros y sonríe. Me emociono ahora mismo recordándole.
Especulo y sueño con la posibilidad de ver caer copos en la noche.
Nos han dicho que en Madrid nieva...
José A. Fajardo

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