9.09.2011

Sidra, zuritos y mejillones. Misión el norte (en 4 fases). 2ª FASE


Texto: Gustavo Minguela
(extracto de 'Las aventuras de Mariano el marciano', el libro que nunca se ha escrito)

Diario de a bordo. 2º Fase. Cantabria y Asturias, alucinaciones en verde.
Ya me lo habían avisado. Asturias es la tierra prometida. Nada del Oriente Próximo ni paraísos lejanos e imaginarios. Por Cantabria paso más rápido, pero compite en méritos igualmente con Asturias.
Hago noches en Potes y Cangas de Onís. Quizás los pastores de los Picos de Europa hayan oído algo de él, ya que debió de huir donde nadie le pudiese dar caza. Y es que los Picos de Europa no se hicieron a escala humana. Paredes de roca de 700 metros de altura dejan a un marciano encogido. Pero el hombre, que es muy tozudo, consiguió domar este brutal escenario, con un teleférico, el de Fuente Dé, que desafía al vértigo y a la montaña. Una vez arriba, uno se siente una migaja ante un mar de piedra, la naturaleza no fue nada amable aquí con el hombre. Curioso resulta ver como coinciden por los senderos tíos que acaban de salir del Decathlon equipados para subir al Karakorum y luego madres y abuelas con sus carritos tan tranquilamente.
 Encuentro un restaurante que se ubica al final de la primera ruta -tras 4 horas de caminata-,  donde las vistas quitan el hipo y las vacas te miran entre indiferentes y asqueadas de tanto turismo. “Gente rara he visto mucha por aquí, pero un extraterrestre, y que encima se llame Zacarías, como que no”.” Mire en la costa”, me dice el camarero, “que allí hay mucho guiri…” Como si fueran lo mismo…
No tengo navegador ni apenas mapas. Siempre fui muy malo con la tecnología. Menos mal que la nave la impulsan desde Babia y ya llega sola. En Babia usamos la telepatía (ideal para ahorrar en móvil), pero aquí debo ser de los pocos que tienen un móvil a botones aún. Solo me guía mi instinto y los carteles de las carreteras. Y como es de esperar, pues a veces me pierdo, pero entonces descubro que ese nuevo camino era más bonito que el otro. Cuando uno viaja así conviene olvidarse de las frías autovías y adentrarse en el mundo de las viejas carreteras nacionales, de doble sentido, donde, lo primero, saboreas las montañas, las curvas, los pueblos, y lo segundo y no menos importante, no te quedas dormido. Restaurantes cuyos menús conocieron mejores tiempos, cuando eran paradas de camioneros, bares abandonados, arrollados por el progreso y las asépticas áreas de servicio de las autovías; clubs de carretera que uno no sabe si están abiertos o cerrados, pero que intuye llenos de peligros; tractores, vacas, en definitiva un mundo de aventuras y diversión, sabores y de olores (a veces, no agradables).
Me paseo por el mercado de Cangas por sí doy con alguna pista. Chorizos, cecinas, quesos de mil tipos, conservas, vegetales, legumbres, quesadas, dulces, un festival para los sentidos, especialmente el del gusto. Aprovecho la ocasión para llenar el maletero de la nave,perdón, del Ibiza, con ricos manjares para deleite de la familia. Una tendera que vende quesos, mu asturiana, me dice que “mediu quesu de oveya, 10 euros”. Aprovecho la invitación para gorronear trocitos de queso de muestra y la digo que ese Cabrales es digno de otro planeta…”ya”, me dice, ”de hechu, un tío que decía que era marcianu llamadu Zacarías se llevó uno enteru hace seis meses”. A pesar de mi insistencia nada más me supo decir del maldito…
El viaje por la costa de Asturias es igualmente gratificante. Llanes, Ribadesella y Lastres forman un tramo de costa insultantemente bello. Pueblos de veranos relajados, de fiestas populares, de brisa marina. Como intentar describir la belleza no tiene sentido, porque hay que verla uno mismo, no me extiendo aquí. Al azar escojo una de las muchas playas ocultas en el bosque que llega hasta el mismo mar. La playita se llama Cuevas del Mar, es como un tesoro escondido. Hay un chiringuito de rollo hippie y poca gente. Las rocas juegan con el mar entrando y saliendo de él: juegos de cuevas, de arcos, de formas…casi una alucinación. Le pregunto a la camarera del chiringuito hippie, guapa y resalada. “¿Zacarías? Síiii! Se tomaba un carajillo todos los días y luego se sentaba en la playa a contemplar las olas durante horas, decía que todos somos uno con el mar y la tierra, que estamos bendecidos por los dioses, no como en otros planetas, que lo ha visto en sus viajes astrales al espacio”. Joder…parece que no sospechan que esos viajes astrales son reales. “Pero que un día se fue y no volvió”
Me encuentro sólo, no hay noticias de Zacarías. Esta sidrina, que parece que no, pero emborracha, y mucho. Le pregunto al camarero del restaurante y hotel en el que me alojo si ha visto extraterrestres. Me dice, primero que estoy borracho, pero que sí que los ha visto. Mientras nos bebemos una botella de sidra a medias me cuenta que su jefe se llama Zacarías, pero que no está, se fue a recorrer el camino de Santiago. Me dice muy orgulloso (y ya borracho,) que su jefe es alguien muy importante y que se reúne una vez al año con un selecto club de personas influyentes del país, como Botín, el Pocero, Felipe González, Rafa Nadal, Arguiñano, Iniesta, Kiko Rivera o Belén Esteban. Son reuniones super-secretas, donde se decide el destino de España. Todos los años, el 25 de Septiembre, en un caserío en el kilómetro 23 de la carretera a Arriondas, bajando la cuestecita. En fin, que me parece muy bien pero hasta Septiembre aún queda y ahora debo seguir mi camino hacia Galicia.


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